lunes, 24 de agosto de 2015

¡Maten a Borges! Gritó Gombrowicz

A propósito del nacimiento de Borges que se conmemora todos los 24 de agosto, se me viene a la memoria una anécdota muy conocida sobre el gran escritor Argentino y el escritor Polaco Witold Gombrowicz.
Cuando el polaco, quien vivió bastantes años exiliado en Argentina, estaba a punto de partir en un barco de vuelta a Europa; un periodista se le acerca y le pregunta “¿qué es lo que necesitan los escritores argentinos para su madurez literaria?” (Cita extraída de otro blog) o bien, la versión de Julio Cortázar, quien afirma que Gombrowicz, cuando el barco ya zarpaba, les gritó a sus compañeros escritores que lo despedían, con un tono idealista: “¡Maten a Borges!

A esta altura nos damos cuenta que la incitación criminal que hace el polaco no se concretó. Y, lo que es peor (o mejor para este caso), ocurrió lo contrario, Borges se volvió inmortal. Hago eco de lo que menciona Cortázar, quien asegura que, si Borges hubiera escuchado al polaco no habría dudado en responderle: ¿Por qué pides que me maten a mí y no a ti mismo? Esa modestia literaria que rodea al autor de El Aleph lleva a Cortázar a esta suposición y a darle el apoyo a Gombrowicz en su petición. El asunto es que, a la luz de la anécdota que he parafraseado, considero que muchos escritores que no se atrevieron a matarlo quedaron perdidos entre los cuentos fantásticos del argentino, mientras que aquellos que sí hicieron caso a Gombrowicz se dieron cuenta que esa no era la forma de obrar y que simplemente debían exiliarse del mundo Borgiano. Algunos lo lograron y llevaron la literatura ‒nuestra literatura‒ a nivel mundial, donde el mérito no se circunscribe a una apertura de las letras hispanoamericanas hacia adelante. El gran mérito de estos nuevos escritores es abrir una puerta tanto hacia el futuro de la literatura como aquellas obras que llevaban años en nuestro continente.

Con todo, mucho pidieron después la muerte del mismo Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes, José Donoso, Vargas Llosa. Sin reparar en que era más provechoso pedir la fórmula para esquivar el mundo Borgiano. Y es que su influencia es tan grande que muchos otros escritores (buenos escritores) se ven opacados por figuras tan omnipotentes como la de Borges o Neruda. De ahí que la solicitud de Gombrowicz era, directamente, matar a Borges; pero, antes que eso, es preferible buscar otro camino,  como bien lo dijo y lo hizo Bolaño ( y en alguna parte lo leí) : "resuciten a Gombrowicz", pero muchos les pedimos. No maten a Borges.

miércoles, 12 de agosto de 2015

El detective literario en Estrella Distante de Roberto Bolaño

Al escritor Roberto Bolaño lo precede su más conocida obra: Los Detectives Salvajes, publicada en Anagrama en 1998. Sin embargo, antes de adentrarme en las más de trescientas hojas de la gran novela de este escritor chileno, más conocido en la península ibérica que en su propio país (mi país), quise dar una hojeada a otra obra, para sentir y conocer su modo de escribir, de esa manera mis expectativas al leer Los Detectives Salvajes, no estarían condicionadas por comentarios artículos u opiniones de terceros que alababan de tal modo el libro, que el solo hecho de pensar en que no me complaciera seria producto de las altas expectativas que me había formado. 
Pero toda esta introducción y enredo es para contarles un poco sobre la novela Estrella Distante que fue publicada en el año 1996, (sí, existen más novelas de Bolaño aparte de Los Detectives Salvajes y de 2666; de hecho sus inicios fueron con poesía en México).
"La primera vez que vi a Carlos Wieder fue en 1971 o tal vez en 1972, cuando Salvador Allende era presidente de Chile." Con estas primeras palabras el narrador nos ofrece una composición de lugar y de tiempo que nos permite situarnos en un determinado contexto. Pareciera que la obra gira en todo momento alrededor de Carlos Wieder, o Alberto Ruiz Tagle, que es el nombre con el que se presentó al comienzo este personaje. No obstante, al mismo momento que el narrador comienza a contar sobre este hombre que llegó a Concepción y frecuentaba, al igual que él, los talleres de poesía, iremos conociendo (aunque no siempre entendiendo) la personalidad del propio narrador. La historia de Carlos Wieder es al mismo tiempo la historia del narrador. 
La novela, en ocasiones clasificada -muy erróneamente- como novela histórica, es una historia detectivesca de intriga, reflexión y poesía. La contextualización en el periodo de Allende y posterior golpe militar es primordial para el sentido de la trama y para que nosotros -los lectores- comprendamos mejor al personaje misterioso.
Existen algunas pinceladas dentro del libro que nos llevan a conocer, un poco, los crímenes de la dictadura; recordemos que la novela se publicó en 1996, a escasos seis años de haber recuperado la democracia en Chile. Tales alusiones, leídas desde la contemporaneidad ya no tienen el mismo efecto que pudo haber tenido años atrás. 
Pero por sobre toda la historia de Carlos Wieder, el personaje incógnito que aparece en escena en la primera página y que sera el eje articulador hasta el final, me interesa destacar la imagen reflexiva del narrador. Es él quien en realidad nos traslada a los años de la dictadura en Chile, aquel joven poeta de bar y entre sus amigos intelectuales que más que poeta termina persiguiendo a un hombre que apenas llegaron a conocer o más bien, que ni siquiera nosotros (los lectores) llegaremos a conocer.

domingo, 22 de marzo de 2015

Juan Barros un posible milagro.

Cuando se dio a conocer la noticia de que Juan Barros asumiría como nuevo obispo en Osorno, no muchos estaban al tanto del pasado que rodeaba la imagen de este hombre, poco a poco, a través de los medios de comunicación, fue develándose que Barros había encubierto las prácticas de Karadima. Tales declaraciones por parte de las víctimas de Karadima, repercutieron en la ciudad osornina y de protestas, en contra de su nombramiento, en las que se veían una treintena de personas, llegaron a ser cientos, las que se reunieron frente a la catedral el día que asumiría el nuevo Obispo.
Una situación, a mi parecer, insólita, pero meritoria por parte de los católicos. Lo que más sorprende de esta situación es que han manifestado su descontento personas renombradas dentro de la iglesia, quienes han enviado cartas al Papa explicando la situación que se vive en el apartado rincón del mundo.

Pero bueno, ordenemos los hechos. Por una parte están los feligreses quienes acuden cotidianamente a misa, quienes iniciaron las protestas en contra del nuevo Obispo. La forma en que se han manifestado no deja de ser llamativa, siendo a través de vigilias, vestidos de negros, oraciones y cánticos, tal cual como se hace en semana santa en las procesiones u otras actividades de la iglesia. Lo sugerente de estas manifestaciones me hace pensar que el descontento, más allá de lo mediático que fue, es profundo para una cantidad de personas que, en realidad, profesan la religión católica con todos sus ritos.
Un segundo grupo de personas se deja llevar por las redes sociales, la televisión, se hace eco de lo que se dice y de igual manera, acude a expresar su malestar, ya no de manera tan simbólica y religiosa, sino que directamente con pancartas, gritos, agresiones etcétera, pero que rara vez es posible verlas en una misa los domingos si no es para pascua, navidad, el bautizo del sobrino, o el casamiento de la amiga. No le quito méritos a las protestas de este grupo de personas pero es necesario hacer la distinción, donde incluso hay políticos que ven el oportunismo.
El tercer grupo de personas son aquellos, poco, o quizás no tan pocos, que forman parte de la iglesia, llámese curas, diáconos, acólitos, pastorales etc. Y que tampoco estaban de acuerdo con  el nombramiento pero que no están en la calle sino que prefieren ausentarse; por cuánto tiempo durará eso. No lo sabemos.
Y el último grupo que demuestra claramente la división que existe en la iglesia son aquellos que sí apoyan a Barros, independiente de lo que se diga en la televisión, redes sociales, los testimonios de las víctimas de Karadima y que estuvieron con globos blancos en la catedral de Osorno para el nombramiento. Personalmente no entendía a estas personas pero leí un comentario que decía: “Solo Dios puede juzgar a las personas, nosotros debemos demostrar misericordia” tal afirmación me clarifico la postura de aquellos que respaldan al nuevo Obispo, pero según mi lógica estoy muy lejos de comprender ese pensamiento.

Pero bien, ¿y ahora qué? Sabemos todos que el chileno, o el osornino quizás más, es muy dado a olvidarse rápido de las cosas. Si hay terremoto o incendio forestal, son decenas de campañas para apoyar las tragedias, pero duran una semana y, dependiendo el grado de la catástrofe, hasta un mes. Sabemos que todos los chilenos somos los más solidarios durante 28 horas de amor pero los otros 360 días del año  miramos para el lado si vemos a un mendigo en la calle o cruzamos si hay alguien con un tarrito en la esquina. Por suerte hemos sido más consecuentes con algunas protestas sociales, como hidroaysen, punta de choros y en cierta medida educación. Entonces, de la clasificación que he hecho solo me queda pensar, y ojalá me equivoque, que los arraigados directamente a la iglesia deberán hacer la vista gorda, los que se suman a todas las protestas ya se olvidaron y están atentos a las redes sociales o la televisión buscando otra cosa porque protestar, pues, entonces, ya solo quedarán los feligreses, quienes, ojalá logren mantener su descontento y que sea escuchado, de lo contrario el milagro habrá ocurrido y el Papa Francisco ya lo había previsto de esta manera.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Aún no logro amar a mi patria !

Por la mañana me desperté, como es costumbre puse un playlist de música para iniciar un buen domingo, mientras jugaba con mi hijo comienza a sonar en la tablet una clase de literatura de octubre del 2011 en la Universidad Austral, en la lluviosa ciudad de Valdivia. Recordé que presencié esa misma clase dos años después. No dejaba de ser interesante que el profesor repitiera lo mismo, me imagino se sabía de memoria la materia, pero, incluso, las observaciones apartes de la clase, eran iguales. En fin, me quedé pensando en el sujeto en la literatura, lo desacreditada que es la visión subjetiva de una persona y otros temas que aburrirían a cualquier persona. Finalizó la clase y, como mencioné recién, el profesor recomendó a leer a Emilio Pacheco, poeta mexicano. Por arte de magia me levanté de la cama en dirección al librero y tome una antología de Pacheco, abrí el libro en cualquier página, solo quería deleitarme con alguno de sus poemas. Todo conspiró, me vi leyendo el poema "Alta traición", éste reflejaba todo lo que por estos días pensaba. Septiembre en Chile, mes

totalmente controversial y casi paradójico, el 11 conmemoramos los 41 años del golpe de estado, y el 19 las glorias del ejercito. El 18 se conmemora la primera junta nacional de gobierno, y como dije alguna vez por ahí, la mayoría de las personas, incluso los soldados del ejercito, creen que se celebra la independencia de Chile. Situaciones que me dan un poco de pena. Pero lo que en realidad me cuestionaba era aquello de las glorias del ejercito, ¿de qué "glorias" hablamos?

"No amo mi patria, su fulgor abstracto es inasible", dice Pacheco, y claro, solo me contento con el lugar que me arraiga, con una que otra persona, con algunos recuerdos (aunque estos los llevo conmigo donde quiera que vaya) no me representa el concepto de patria que se transmite, ese que suele estar cerca del patriotismo, el que ha inventado la historiografía. Que acaso solo debemos recordar a Prat y al padre de la patria O'higgins.
Durante las tardes hago clases a los jóvenes que estàn haciendo el servicio militar y en reiteradas ocasiones les he preguntado, arriesgando incluso alguna amonestación, saben algo de la Escuela Santa María, de San Gregorio, de Marusia, de Ranquil, de Forrahue. Ahí radica mi malestar, y donde Emilio Pacheco logró retratar mi pesar de este mes, en realidad mi pesar de hace algunos años atrás, un ejercito que siempre ha estado a disposición de la clase dominante, un ejercito que no conoce más glorias que las que ha enfrentado con su mismo pueblo, una patria que se ha construido desde la aristocracia en 1810, que apoyaron la caída del presidente Balmaceda, el golpe de estado y que aún siguen pacificando la Araucanía. Creo que desde hace mucho tiempo que ya es hora de que los profesores nos hagamos cargo y como dijo Nicanor, dejemos de jugar a poner notitas...
Puedo parecer un poco negativo, pero hoy inicia la primavera y está lloviendo... y aún no logro amar a mi patria!

            

jueves, 11 de septiembre de 2014

La historia es nuestra y la hacen los pueblos !!

Una nueva conmemoración del 11 de septiembre, ya han pasado 41 años desde aquel día que comenzó con un cierto ambiente que hacía prever un final trágico. La historia ya todos la conocen, algunos la vivieron, otros la leyeron, a otros se la contaron y hay quienes algo saben por la información de la televisión. El asunto es que todos comentamos, emitimos nuestras opiniones, nuestros juicios, con o sin fundamentos. Nos aferramos  la imagen de Allende, o de Pinochet, nos atrincheramos con nuestro cargamento de ideas, según nosotros irrefutables. Pero tranquilos, ya el doce, muchos vuelven a saludarse, y ya nos olvidamos que pasó un once de septiembre y buscamos qué otra “efeméride” celebrar, si es la muerte de Robin Williams, la de Cerati o los cien años de Nicanor Parra, pero lo más evidente es que comenzamos con la “previa” del 18 de septiembre, que, a todo esto, ni siquiera en el ejército de Chile, sabe en realidad que se conmemora el 18, siendo que ellos desfilan por la patria. Todo esto me llevó a pensar en el compromiso de los activistas de las
redes sociales, y por otra parte de aquellos soldados, que también piensan que el 11 de septiembre es el día del joven combatiente. ¿A qué se debe tanta desinformación?, ¿tanta moda por figurar? Entonces me pregunto, ¿Por qué no comenzamos a actuar, por ver el sueño cumplido, somos participes de una sociedad dividida, pero no se puede pedir que todos se reconcilien cuando, por un lado hay madres que nunca han podido enterrar a sus hijos, quizás la idea no debe apuntar a un “borrón y cuenta nueva”. Qué tal si apuntamos a generar conciencia crítica y difundir información, apagar la televisión sensacionalista y revisar algún diario o ver un documental.

Por la mañana, me puse una camisa negra, quería simbolizar el luto por aquellos que murieron no solo el año 73, sino durante todos los años de dictadura, la reflexión fue durante todo el día, “la historia es nuestra y la hacen los pueblos” pero cabe preguntarse nuevamente, nosotros, el pueblo, estamos haciendo la historia por la que muchos cayeron, estamos generando conciencia más allá de la moda de las redes sociales, donde hoy lamentamos el golpe de estado y mañana celebramos las glorias del ejército, estamos siendo consecuentes, o la sociedad ya nos volvió burgueses. Por último, ¿estamos cumpliendo el sueño allendista? O, finalmente, estamos haciendo todo lo contrario, criticando a los encapuchados como todos los años y sin poder ver el tema de fondo.

Lo evidente en esta pequeña y simple reflexión, es que, se me hace imposible escribir desde el otro lado de la trinchera, ni tampoco creo que sea necesario. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

El texto literario como discurso intercultural en la novela “Cherrufe” de Ruth Millaguir.


La cultura hispanoamericana, desde sus inicios, es intercultural. El proceso que comenzó con el descubrimiento, conquista y colonización, permitió la mezcla de elementos, tanto indígenas, como europeos. El contacto de dos sociedades. La aceptación del “otro”. Son las principales características que dan inicio a una sociedad intercultural. Ahora bien, la interculturalidad puede ser vista desde distintos puntos. Para este análisis, donde tomaremos como objeto de estudio la novela “Cherrufe”, hay que pensarla como una sociedad que posee un terreno propio, el cual, a su vez, es invadido por una sociedad más poderosa, conformando así, una sociedad global. Es importante señalar también, que existen dos clases de interculturalidad. Así se establece en un artículo publicado en la revista Chilena de literatura, donde se hace la distinción entre: “la sociocultural y la textual” (Carrasco 2005). Por lo tanto, es preciso ir demarcando la línea de investigación, para poder realizar el análisis que a continuación propondremos. La interculturalidad que en este trabajo se estudiará, será la textual. Ésta se refiere a la comunicación entre personas y grupos mediante discursos o textos de distinta condición étnica y cultural. Se manifiesta a través de la oralidad y la escritura.
Para el presente análisis, abordaremos el concepto de interculturalidad y cómo éste ha ido incursionando en distintas expresiones artísticas en chile, hasta llegar a la literatura. Ahora bien, nuestro objeto de estudio es una novela publicada en el año 2008 por Ruth Fuentealba Millaguir. Pero para poder establecer un nexo entre un género literario y el concepto interculturalidad, es necesario señalar a qué se refiere el concepto.  


La hipótesis que se propone en este trabajo es que en la novela “Cherrufe, La Bola de Fuego” (novela mapuche), de Ruth Fuentealba  Millaguir, existiría un discurso intercultural que se fundamentaría y abarcaría distintos aspectos. Dichos aspectos tienen relación con el discurso literario, las estrategias lingüísticas, las creencias del pueblo mapuche y haciendo algunos alcances con la memoria histórica, donde se toca el tema de la “otredad” a modo de reivindicación de la etnia.
Dentro de la literatura etnocultural, la representación artística que más se ha desarrollado ha sido la poesía. En contraparte, la narrativa recién ve sus primeras luces con el texto escrito por Ruth Fuentealba, “Cherrufe” (2008), el que se inscribe como discurso literario y en el que, además, creemos existe un discurso intercultural que se propone ciertos objetivos valiéndose de estrategias que dilucidaremos a continuación.  En primer lugar, la novela como género literario narrativo, es de origen europeo. Esto nos presenta un texto en esencia intercultural, donde la autora asume y se apropia de un discurso literario que se vuelve heterogéneo al autodenominarla “novela mapuche”. La escritora, considerada por la crítica periodística como la primera mujer de origen mapuche en escribir una novela, relata en una entrevista, que las historias de sus originarios se transmiten vía oral y familiar; pero que, en este caso, ella quiso dejarle el legado a su hija a través de una novela. Esto nos hace pensar en “otro elemento fundamental que es la identidad intercultural” (Carrasco 2008). La escritora reconoce el carácter intercultural en la sociedad que está inserta, donde convergen y se mezclan elementos de la cultura mapuche y chilena. Dando paso al discurso literario intercultural que busca preservar ambas culturas en pos de la aceptación del “otro”.
Elicura Chihualiaf, en su recado confidencial a los chilenos, expresa que éstos deben aceptar que chile es un país pluricultural, que ellos tienen una cultura distinta de la chilena, y que es legítimo que los mapuches sigan siendo tal cual son. Seguir existiendo como pueblo. Que siga su idioma, que siga existiendo Lonko y Machi. Recuperar sus derechos como pueblo, “queremos ser nosotros los que diseñemos y controlemos nuestro proyecto de vida (...) Entonces para eso debe existir el espíritu, la voluntad, la claridad de ponernos a conversar con respeto para establecer una alianza con los que aspiran a una sociedad mejor, a una sociedad más justa en este país" (1999: 170)
            Otra característica presente en la novela “Cherrufe”, y que es propia del texto etnocultural, está relacionada con las estrategias lingüísticas utilizadas por la escritora. Existe un bilingüismo que mezcla la lengua mapudungun con el español. La inclusión de conceptos en lengua mapuche, no es azarosa. El título de la novela está escrito, traducido y además se hace una aclaración entre paréntesis. Decir “Cherrufe” es equivalente a decir “La Bola de Fuego”, pero la escritora, además, aclara que estamos frente a una “Novela Mapuche”. Como expresara Chihuailaf: “Queremos que siga nuestro idioma” (1999). Millaguir, implícitamente, a través de la novela entrega el mismo recado. Si bien, ella declara que la novela la escribió para que su hija conociera la historia de sus antepasados, a su vez, el carácter de discurso literario nos dice que, además de su hija, quiere que todos (los chilenos) quienes que lean la novela conozcan su historia. Es por ello, que el “collage lingüístico” presente en la novela se encuentra cuidadosamente elaborado. El epígrafe, la dedicatoria y la presentación, se encuentran escritas, en su totalidad, en español. El prólogo presenta algunas palabras y conceptos en mapudungun las que tienen su traducción al español al terminar el prólogo. Ya en el desarrollo de la novela, algunos capítulos tienen el título en mapudungun. En la narración son escasas las palabras que no están en español, y las que no lo están son aquellas que se encuentran presentes en el imaginario colectivo, me refiero a: winka, Gnechén, panguipulli, peñi, por nombrar algunas. Aun así al final de la novela, en el epílogo, se presenta otro breve vocabulario que aclaran el significado de aquellas palabras que, eventualmente, se desconozcan. O por otra parte, será el narrador, a lo largo del mismo texto, quien (in)directamente aclare el significado de ciertas palabras escritas en mapudungun:

“-¿Qué es Mapu papi? – pregunté extrañada por no saber.”
-Mapu hija, es la tierra, es nuestro territorio, que debemos cuidar y respetar” (82)

Esta estrategia lingüística utilizada en la novela, reafirma la interacción de dos sociedades distintas...

                                                 Cristian Vidal

domingo, 11 de agosto de 2013

Hayden White. 2003. El texto histórico como artefacto literario y otros escritos. Barcelona: Paidós (Cristian Vidal)



El libro de Hayden White titulado el texto histórico como artefacto literario y otros escritos, se encuentra divido en cinco artículos representativos de sus estudios teóricos y un prólogo en el que responde a algunas de las críticas que frecuentemente se le han hecho. El autor se concentra en un aspecto, que es el uso del texto histórico como recurso literario donde pretende analizar la relación y cruce de estas dos disciplinas: Historia y literatura.


White es un filósofo e historiador estadounidense que manifiesta un demarcado rechazo en la distinción que se hace entre relato histórico y relato de ficción. Este estudio, específicamente, es una versión revisada de una conferencia de literatura comparada impartida en un coloquio en la Universidad de Yale en el año 1974, en palabras del mismo autor “se ha tratado de dar forma a algunos de los temas que originalmente se discutieron en artículos anteriores”. 


El estudio se inicia planteando que, un relato histórico comparte estructura con un relato de ficción, si se quiere escribir un hecho histórico el historiador debe ordenar los acontecimientos y darle un hilo conductor a dicha historia de manera que no sean ideas azarosas que poco entenderá la persona que lea el texto, avanzando en el estudio nos encontramos con la primera problemática que plantea White donde indica que una de las características de un buen historiador profesional, es la “coherencia con la cual recuerda a sus lectores la naturaleza puramente provisional de sus caracterizaciones de los acontecimientos, los agentes y las agencias encontrados en el siempre incompleto registro histórico.” Según lo expuesto por el autor se infiere que el texto histórico se va acercando al texto literario en cuanto el historiador debe saber completar esos vacios en la historia “inventando” y rellenando aquellos espacios, es lo que actualmente se llama verdad histórica, por ende el autor le otorgarían una carga ficcional al relato histórico cuya forma tendría demasiados puntos en común con su “homologa” la literatura. White asume que esta relación que propone entre historia y ficción no es bien vista por muchos historiadores y mucho menos por críticos literarios para quienes cuya concepción de la literatura presupone una oposición radical entre historia y ficción o entre hecho y fantasía.


Siguiendo con la idea anterior White profundiza en este relato histórico que asocia como relato ficcional similar al literario, otorgándole un significado al texto histórico como la construcción de relatos a partir de, meras crónicas; y los relatos, a su vez, son construidos a partir de crónicas por medio de una operación que en otra parte ha llamado «tramado». Este concepto de tramado que propone el autor, se trata, según su definición: “simplemente de la codificación de los hechos contenidos en las crónicas como componentes de tipos específicos de estructuras de trama”. Así apoyándose del difunto R. G. Collingwood, quien insistía en que el historiador es sobre todo un narrador, White nos presenta una serie de ejemplos que validan su percepción de que el texto histórico se acerca al texto literario casi sin distinción y difuminándose en sus contornos. Así dos historiadores pueden escribir historias totalmente diferentes sobre un mismo hecho histórico, los dos manejan la misma información pero cada uno completará este relato y además le dará un sentido trágico o cómico según sea su percepción del acontecimiento y también la intención personal; Por ende el autor atribuye un sentido neutral al hecho histórico atribuyéndole al historiador el mismo lugar que un narrador en la novela.


Avanzando ya a la segunda parte del capítulo en que se basa esta reseña, Hayden White profundiza en la disciplina que a su parecer se relaciona con la historia, esta es la literatura, si bien no logra hacer un estudio que tome todos los aspectos de la literatura, como si lo hizo con el texto histórico, nos da una visión general de cómo el texto histórico es usado como recurso literario específicamente se refiere a la narrativa histórica que en la actualidad ya se encuentra clasificada en novela histórica y nueva novela histórica. 


El autor ve a la narrativa histórica como una metáfora extendida asegurando que ésta no reproduce los acontecimientos que describe; nos dice en qué dirección pensar acerca de los acontecimientos y carga nuestro pensamiento sobre los acontecimientos de diferentes valencias emocionales. Esta afirmación sobre la narrativa histórica, evidentemente, es una mirada un poco superficial de lo que sería el texto literario, pero para la idea que pretende demostrar White en el libro estaría acertada considerando al texto literario como un “artefacto” a disposición de la historia o como complemento histórico. 


Ya en la parte final del texto, se hace una revisión de las ideas planteadas tanto del texto histórico que comprendemos, tiene atributos ficcionales y del texto literario donde no se hace mayor desglose que el necesario para validar el estudio de Hayden White, en las hojas finales se hace una crítica constructiva al rechazo que harán los historiadores sobre esta idea de mezclar las dos disciplina, donde si bien es evidente que la literatura y su carácter ficcional, toma en reiteradas ocasiones el texto historiográfico como referencia para crear un relato, los historiadores no aceptan que el texto historiográfico sea una creación literaria, en palabras de White; Todo esto resulta muy esquemático, y sé que esta insistencia en los elementos ficcionales presentes en todas las narrativas históricas seguramente despierta la ira de los historiadores, quienes creen que están haciendo algo fundamentalmente diferente a lo que hace el novelista, en virtud del hecho de que están tratando con acontecimientos «reales», mientras que el novelista trata con acontecimientos «imaginados». (P. 117) En los dos casos propone White, el historiador carece de una totalidad de acontecimientos reales lo que le exige completar su relato recurriendo a la ficción donde, además, deberá recurrir a la estructura narrativa para este relato histórico, por otea parte la literatura toma estos acontecimientos históricos y los ficcionaliza.





Este texto pone en discusión un tema al cual no se le había dado mucha cabida desde el punto de vista histórico, por lo cual es necesario destacar el aporte que el autor hace al poner en discusión la relación que tendrían dos disciplinas, sabiendo el rechazo que provoca para los críticos literarios la idea de que el relato histórico posea una carga literaria o por el otro lado que los historiadores no acepten que los textos históricos se valgan de los principios literarios para su escritura; Es esto lo valioso e interesante de este libro donde incluso el propio White en su calidad de historiador es capaz de detectar que “la historia es una disciplina en mal estado hoy en día” y que al volver a poner en contacto a la historiografía con sus fundamentos literarios asegura que “no deberíamos estar poniéndonos en guardia contra distorsiones meramente ideológicas; deberíamos estar en el camino de alcanzar esa «teoría» de la historia sin la que ésta no puede en absoluto pretender ser una «disciplina»”.

Cristian Vidal